Con el fin de romper un poco con la seriedad de las selecciones fílmicas que hemos recomendado, hoy les ofrezco sangre con risas. Una mezcla de gore ligero con comedia situacional. Si bien estoy muy consciente del aparente mercado reducido de una película como la que planteo, Tucker & Dale vs. Evil es una de las mejores películas de terror-comedia que he visto.
Tucker y Dale son dos amigos montañeses, viven juntos en una cabaña aislada del mundo, donde trabajan y encuentran sentido a su existencia laborosa. Esto hasta que un grupo de universitarios decide llegar de fiesta a su territorio y empezar a matarse en accidentes que pudieron haber sido evitados con facilidad. Los dos amigos, atormentados por las muertes y preocupados por ser incriminados en los accidentes, hacen todo lo posible por ayudar a los jóvenes. Ellos, en lugar de aceptar la ayuda y tras haber crecido con películas Jason y Texas Chainsaw Massacre, huyen de los hillbillies sucios que los persiguen y seguramente los busca matar.
Por mi parte, la originalidad del guión fue lo más gratificante de la película. Como en una pasada se puede utilizar un género trillado para reinventarlo con comedia oscura. En esta índole puedo pensar en algunas obras similares: Død snø, Cabin in the Woods, Severance o, incluso, Weekend at Bernie’s. Producciones que juegan con aquellos tropos que odiamos amar y ofrecen algo infinitamente más productivo y original.
Bueno, eso y que Tucker es personificado por Alan Tudyk. ¿Quién no ama a Alan Tudyk? De Firefly, de Dodgeball, de Chozen o de Death at a funeral. Para ser franco, debería ser un nombre tan común como Chris Rock o Adam Sandler o cualquier personaje de Grown Ups, pero no lo es, a pesar de tener diez veces el talento de cualquiera de los actores mencionados antes.
Se le agrega la compañía cariñosa del buen Dale, actuado por Tyler Labine. Labine aún no ha llegado a tener el nivel de reconocimiento que merece, pero si buscan el nombre en Google (adelante, yo los espero) estoy seguro que dirán “¡ahhhh sí! Ese gordito adorable”. Sin embargo como Dale no lo podrán olvidar, su actuación es tan inocente y bien intencionada que dan ganas de abrazarlo, a pesar de estar cubierto de tierra y olores de montaña.
Quizá esto es lo que más de me gusta de la película, tiene de todo, desde buenas actuaciones, violencia, romance, comedia somata-rodillas hasta líneas gloriosas para citar entre amigos. Estoy convencida que esa era la intención de Eli Craig, su casi desconocido director y escritor. Es el tipo de películas que verías entre compañeros universitarios, tu novia y una buena cerveza. Y ver como todos sufren con la exageración de sangre y la estupidez humana.
De vez en cuando se hace necesario bajar de ese pilar, oh glorioso pilar, de cine-arte para encontrar cine-cine. Aquí hay rubís, de un borgoña oscuro, cuya historia, personajes, situaciones cómicas, sobresalen entre el mar infinito de dramas monótonos que luego pasaran una cantidad infinita de veces en un canal como Universal. Cinematografía con este tipo de originalidad, intención y potencial alcance, nos debería hacer notar que no hay necesidad de reboot películas, que aún hay millares de buenas ideas, singulares, sencillas y complejas para hacernos reír, llorar y hasta sangrar, tras caer sobre una motosierra descuidada en la montaña.
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